El Festival Leer…, promovido por la Fundación Ortega-Marañón ha llegado a Valencia de la mano de Mainel. Conjuntamente, organizamos «Leer… la desigualdad», que se celebró el jueves 7 de mayo, a las 7 de la tarde, en nuestra sede.
Los puntos suspensivos son una invitación abierta porque el Festival Leer… propone la lectura como plaza pública, como espacio de conversación abierta. Como el lugar donde los libros se abren para pensar conjuntamente los grandes temas de nuestro tiempo. Donde nos juntamos lectores, autores y voces expertas para reflexionar y dialogar sobre cuestiones que nos interesan.
Conversación abierta
Contando con voces expertas y autores de libros, en esta velada abordamos distintas desigualdades y desde varios ángulos:
- Pedro Carceller, actual director general de Inclusión y Cooperación al Desarrollo de la Generalitat Valenciana, en una posición clave para abordar la desigualdad desde la acción institucional.
- Ángeles Solanes, catedrática de Filosofía del Derecho y Política en la Universitat de València, especialista en derechos humanos y con una amplia trayectoria investigadora centrada en las desigualdades jurídicas y sociales.
- Estefanía Molina, periodista y autora de «Los hijos de los boomers«, donde analiza las brechas generacionales y las desigualdades que afectan a la juventud española.
- Pedro Bravo, periodista y autor de «Antes todo esto era ciudad«, obra que reflexiona sobre la transformación de las ciudades y cómo los modelos urbanos influyen en la desigualdad social.
Nuestro presidente, Jorge Sebastián Lozano, actuó como moderador del diálogo en la mesa y con el público.
La igualdad es un derecho social
Ángeles Solanes explicó que la desigualdad solo puede entenderse en relación con una colectividad. Por tanto, no es un derecho individual sino social. En su exposición, Solanes alertó sobre la aparición de nuevas desigualdades, que se están convirtiendo en cotidianas. Apuntó al efecto de la IA en la discriminación a nivel humano y a la longevidad ¿democrática?. También sacó a colación la «prioridad nacional», que apuesta por, ante la escasez de recursos, primero los nacionales. Frente a este paradigma propone aplicar los principios de racionalidad, legitimidad, idoneidad y proporcionalidad, que ponen de manifiesto su invalidez.
Por su parte, Pedro Carceller remarcó que la desigualdad no es solo una cuestión económica cuando proviene del origen y señaló que la administración pública debe promover la desigualdad, pero también remover las barreras que la dificultan. Nos hizo ver que nuestra sociedad ha cambiado muy rápido: en los años 2000 en España solo había un 2% de población inmigrante, cuando ahora esa cifra asciende al 24%. Ese cambio no solo ha sido muy rápido, tampoco ha sido «participado». Por eso, propone pasar de una ciudadanía reconocida a una ciudadanía participada porque, aunque tarde, cree que aún estamos a tiempo de volver a hacer a las personas protagonistas de sus barrios y, a la vez, a las personas que llegan para que ambas sean «prójimos».
El turno de los autores
Estefanía Molina nos pidió que no juzgáramos «Los hijos de los boomers» por su título, porque no echa la culpa a esa generación. Lo que denuncia es que la sociedad ha cambiado, pero las políticas públicas no han acompañado esa evolución, ya que la generación boomer continúa estando en el centro. En cuanto a responsabilidades, apunto al cortoplacismo de los partidos políticos, que pelean por esa gran masa de votos y no por el interés de las nuevas generaciones. En este sentido, también denostó el salario mínimo vital, que considera paradigma de un empobrecimiento generalizado y que asegura que no es una cuestión coyuntural sino un escudo social estructural.
Las intervenciones del público mostraron que nadie se considera privilegiado respecto al resto: pensionistas boomers que manifestaron pobreza energética, miembros de la perdida generación X… y descendientes de boomers, que expresaron su desesperanza ante la dificultad por construirse una vida digna. En este sentido, Molina volvió a señalar a los partidos políticos que, en su opinión, están colocando la responsabilidad en las familias, sin asumir la parte que les toca para garantizar la igualdad de oportunidades de todos los miembros de la sociedad.
Pedro Bravo nos puso los pies en el suelo urbano. Nos recordó que una ciudad es una comunidad y lamentó que se están perdiendo los lazos comunitarios, que son el hilo que teje la sociedad. En este sentido, manifestó que, sin comunidad, no hay ciudad. También apuntó a la clase política y añadió a la lista de culpables a las grandes tecnológicas, que se han hecho con el poder. Para entenderlo recomendó la lectura de sus libros, pero también la obra de Giuliano da Empoli «La hora de los depredadores».
Sobre el Festival Leer…
El Festival Leer…, promovido por la Fundación Ortega-Marañón, nació el pasado mes de marzo con el apoyo financiero del Ministerio de Cultura. Persigue cuatro objetivos: promover la lectura como motor de democracia; conectar autores y lectores en un diálogo inclusivo; fortalecer valores cívicos y democráticos; y crear un espacio plural de reflexión cultural.
Hasta el momento se han celebrado dos sesiones, ambas en la sede de la Fundación Ortega-Marañón, en Madrid: «Leer… los libros» y Leer… la música«. «Leer… la desigualdad» ha sido la primera sesión que ha salido de la capital. El festival tiene vocación itinerante y está previsto que visite otras ciudades españolas.
Solidaridad y cultura transformadoras
En Mainel consideramos la cultura como un medio para promover el desarrollo de la sociedad. Por ello, organizamos actividades que buscan acercar el arte y la cultura a todas las personas y apelar a su sensibilidad.
